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Puesta de largo con matrícula de honor
La hermandad de la Caridad hizo todo bien en la primera estación de penitencia que les llevó hasta la carrera oficial. La cofradía se creó en 1995 y desde entonces había procesionado por el casco histórico, pero nunca había llegado al Paseo de Almería
23.03.08
JOSÉ LEYVA
La del Viernes Santo era una noche especial para los hermanos de la Caridad, pues veían cumplido el anhelo de todo cofrade de desfilar por la Carrera Oficial de nuestra Semana Santa. Esta hermandad, fundada en 1995, ha desfilado durante muchos años por el casco histórico de la ciudad y, tras ser admitida como hermandad agrupada el pasado año, en este ha dado el salto y se ha incorporado a los desfiles de nuestra ciudad eligiendo el Viernes Santo como inmejorable día de salida. Tras realizar una salida austera y e
n total silencio desde la Iglesia de San Agustín, el desfile descendió por la rambla de Alfareros y tomó la calle de las Tiendas como puerta de entrada al casco viejo de la ciudad. -
El séquito estaba encabezado por el diputado de cruz de guía, seguido del muñidor, que blandía un par de campanillas asidas al mismo asa y, tras éste, la Cruz de guía de la hermandad franciscana con sudario sobre sus brazos y el cuerpo de penitentes con túnica negra de cola recogida que portaban cirios negros apoyados en la cadera durante el caminar y que eran depositados en el suelo cada vez que el cortejo detenía la marcha. A continuación la presidencia de la hermandad, música de capilla, ciriales, incienso y, por último el paso de misterio del Santísimo Cristo de la Caridad en su traslado al sepulcro, un conjunto escultórico realizado por Juan Manuel Miñarro y que es una verdadera obra de arte en su conjunto y si se analizan las figuras de manera individual. El Señor de la Caridad presenta un aspecto patético sobrecogedor y en él se han cuidado detalles como, por ejemplo, dejar reflejado en sus muñecas los hematomas producidos por haber estado maniatado.
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El cortejo se adentró en el casco histórico buscando la Catedral almeriense, a la que llegarían recorriendo calles con tanto sabor cofrade como puede ser Mariana o Cervantes. Durante su itinerario, los hermanos de la Caridad estuvieron arropados en todo momento por vecinos y turistas que se situaban en todas y cada una de las calles para disfrutar de este desfile por lugares estrechos, mucho más cálidos e impactantes que las amplias avenidas.
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La cuadrilla de la Caridad, mandada por José Manuel García Quesada, realizó un trabajo brillante. Su forma de andar, sin florituras y con el paso propio y característico de las hermandades de luto, hacían que el misterio que portaban sobre su cuello fuera aún mas sobrecogedor. La austeridad, sobriedad y respeto con que se desarrolló el desfile hizo el resto, consiguiendo el objetivo de hacer reflexionar a todo aquel que tuvo la oportunidad de verlos recorrer las calles de la ciudad. La Hermandad de la Caridad realizaba su primera entrada en Carrera Oficial con total puntualidad y, a las nueve en punto, plantaban la cruz de guía en la confluencia de General Tamayo con el Paseo para acceder a la zona de tribunas que, totalmente a oscuras, aguardaba la llegada de la comitiva.
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El paso de la Hermandad de la Caridad por el Paseo no dejó a nadie indiferente. Esta hermandad que, por su carácter, podría ser comparada a la del Perdón o al Gran Poder, puso de relevancia que, hasta las cofradías de luto, puede realizar su Estación de Penitencia de formas diferentes. La Caridad emocionó a todos los almerienses poniendo en la calle un cortejo que, sin dejar de mirar al frente en todo momento, impresionó al público y les dejó un grato sabor de boca.
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Como toda buena hermandad de luto, su misión es la de procesionar, hacer penitencia y no demorarse en paradas innecesarias o excesivamente prolongadas. La Hermandad de la Caridad ha medido su itinerario al milímetro y lo recorrió según lo previsto. Andando dos minutos y deteniéndose uno, en cuatro horas los hermanos de la Caridad salieron de los Franciscanos, recorrieron las calles del casco histórico, entraron en Carrera Oficial y regresaron a su templo después de haber traído a Almería otra hermandad de luto, seria y austera, que ha sabido trabajar durante los años anteriores para crear un desfile digno y que invite a la reflexión en el trágico momento de trasladar el cuerpo sin vida de Jesucristo al sepulcro.
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A las once y diez de la noche, los hermanos de la Caridad regresaron al interior de la Iglesia de los Franciscanos con la satisfacción de haber conseguido muchas cosas en una sola noche. La Caridad bajó al Paseo, se presentó formalmente ante la ciudad de Almería, realizó una estación que se podría calificar de brillante y, lo más importante de todo, conmovió a todos y cada uno de los almerienses que tuvieron la oportunidad de verla procesionar por la calles de Almería en su primera y mágica noche de Viernes Santo.